Los simpson, esos vecinos que no debes saludar

martes, noviembre 29, 2005


Un ensayo de Gustavo Rodriguez

El hombre tiene treinta y seis años, y es bastante calvo para su edad. Vive en Evergreen Terrace, un suburbio de una ciudad norteamericana, y acaba de meter su auto en la cochera luego de un día de trabajo. Al entrar en su casa, escucha sollozos que provienen del estudio. Es su hija, que sufre por un problema existencial. Al asomarse a la puerta abierta, y ver así a su pequeña, la voz se le quiebra: «No soporto ver a mis hijos sufrir». Y, por eso mismo, cierra la puerta de golpe para seguir su camino tan campante. El hombre calvo no sabe que su comportamiento pronto hará reír al mundo en setenta idiomas, incluido el suahili. Ni que sus acciones son motivo de cátedra en universidades de América y Europa para entender la filosofía de Nietzsche, entre otras cosas. A Homero Simpson no se le puede exigir que sepa muchas cosas. Tiene un coeficiente intelectual que bordea la idiotez. Pero tiene otras cualidades que lo han hecho el jefe de la familia más aplaudida de la historia mundial. En 1999 la revista Time denominó a Los Simpson como el mejor programa de televisión de todos los tiempos, dejando lejos, muy lejos, a ficciones de carne y hueso. Un año antes, la misma revista había colocado a Bart, el primogénito de la familia, al lado de Picasso, Spielberg, Los Beatles y James Joyce como uno de los cien protagonistas del arte y la cultura en el siglo veinte. ¿Es probable que los editores de la revista hayan sido fanáticos generacionales de la serie y, por tanto, jueces subjetivos? Es una suposición válida, pero que pierde peso si nos enteramos de que el Diccionario Oxford ha incorporado recién a su vocabulario la expresión «D’oh»: un lamento usual de Homero Simpson cuando nota que las cosas se están poniendo peor de lo esperado. O si escuchamos a alguien como Robert Pinsky, el poeta más conocido de la literatura estadounidense contemporánea, decir que Los Simpson es la única serie que penetra en la naturaleza misma de la televisión. Luego de conocer los alcances de esta familia en la cultura popular postmoderna, no es arriesgado decir que si Andy Warhol hubiera nacido treinta años más tarde, en sus pinturas hoy veríamos a Marge Simpson en lugar de Marilyn Monroe...

1 comentarios:

Savantdija dijo...

wow, los Simpson me matan, Homero es uno de mis antihéroes favoritos, es una referencia, es una crítica, un grito a la sociedad, es una bofetada hacia la vanidosa intelectualidad que no logra nada, sólo basta la motivación y el corazón para lograr cosas, el cerebro esta demás, hay que tener estómago.